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domingo, 18 de septiembre de 2011

avant d'chanter des mots en l'air sur des musiques vagabondes


Vamos a crear nuestras propias reglas. Todo lo establecido anteriormente no se aplica a nuestro juego. Estamos aparte. Porque queremos, porque creemos que lo merecemos. Así somos, alguna que otra porción de prepotencia que nos define. Puede que hayamos crecido dentro de los límites. Sí, puede. Y puede también, que hayamos pensado dentro del marco este al que llaman sociedad. Sí, lo admito. Pero ya que estamos de cambios, démosle un vuelco a nuestras vidas. Ya sabéis el dicho, por probar no se pierde nada. Y sino, qué más da. Quiero decir que yo ahora mismo siento que sólo puedo ganar. Me aburren tanto las reglas. A veces detesto el silencio cuando tiene que haber ruido, otras detesto el ruido cuando tiene que haber silencio. Lo único que quiero es verme, vernos, fuera de los convenios. Tan primitivamente como sea posible, y así conoceros, conocerme, conocernos vamos. Y hablar, sin obligaciones que nos atormenten, sin ataduras, sin reglas definidas, sin líneas descriptivas que lleven nuestros temas de conversación hacia límites insospechados de la superficialidad mundana. La metáfora apropiada para lo que busco es ir desnudos. Hablemos desnudos, sin vergüenza de mirarnos las tetas o el pene. ¿Por qué habríamos de tener vergüenza?

¿Y qué pasa si empezamos a jugar ahora? 
Si cogemos una bici y nos perdemos por el laberinto de calles que hay entre Gran Vía y Sagasta. 
Qué tal si nos fugamos de casa. 
Si pintamos un par de lienzos al óleo (dejé la afición haca muchos años). 
¿Y si nos tomamos nuestro tiempo para las cosas que nos gustan?



Sé que no. Que no hay huevos. Soy una cobarde. Cobarde no es el que lo hace y pasa miedo. Cobarde soy yo. Cobarde el que no lo hace, el que no se lanza, el que no le echa narices al asunto. 

sábado, 12 de marzo de 2011

One, two, three take my hand and come with me

Somos todos bipolares. Tan bipolares, que ni somos uno. Somos dos. Y luego esos dos "nosotros" se bipolarizan a su vez, y entonces somos cuatro. Y así, hasta que somos 2^infinito.

>Doy risa. Doy pena.

8,9 exponencial.

Dormir desnudo. Bañarse desnudo. Comer desnudo. Caminar desnudo. Querer desnudo. Amar desnudo. Cambio.

La aproximación. Remolino.
Barcos en la calle, batidos en las camisetas. Aplausos fantasmas. Francés en español.
Four five six c'mon and get your kicks...
I said are you gonna be my girl


Baladas, canciones, just so sweet. Ni siquiera sé en qué pienso. Son sensaciones lo que me viene. E intento poner las palabras que más se le parecen.

-Dime una palabra.
-Telescopio.
-¿Porqué has dicho telescopio?
-¿Porqué me has pedido que te diga una palabra?



Y quiero cambios. Ya. Me quiero ir de aquí. Quiero conducir. Quiero correr. Quiero tirarme en plancha a la piscina. Balancearme en una hamaca. Tener un gato, pintar una pared, ir de acampada, hacer un caballito con la bici, acabarme en mundo de Sofía, ir a una agencia de viajes para conseguir coche. Tener un Jeep, un descapotable o una furgoneta. Ir en moto hasta Barcelona. Separar la nevera en partes. cazar ranas. Tocar la armónica. Dormir en el coche... si. 
CORTO Y CAMBIO.

jueves, 3 de febrero de 2011

Rock and roll my little girl


JUANA VUELVE A TUENTI.


jueves, 20 de enero de 2011

Hoy me ha sabido a día de carretera






Deseo inalcanzable: Ford Mustang del 66.

miércoles, 19 de enero de 2011

Don't you hear the wild call from the distance?


NECESITAMOS UNA GUARIDA. 


Necesitamos un LUGAR.

Para nosotras. Las seis 6

TCE



Un sitio donde podamos ser nosotras. Pero nosotras solas. Nosotras sin más. A secas. 
Un guarida donde fabricar nuestros sueños a base de tijeras y pegamento, pero también donde fabricar recuerdos.
Una fábrica en toda regla.
Sin reglas. Sin vecinas histéricas. Con música. Con ventanas. Con sol. Con lunas que se metan por la ventana. Con sofás y un gran suelo donde dormir. 
Una de esas cabañas que hacías de pequeño para pasar ahí las horas. Un sitio al que llevar libros para leer. Donde cada una haga lo que le apetezca. Donde podamos merendar tortitas, comer a las seis de la tarde, tocar guitarras, pianos, armónicas  e incluso flautas si nos apetece.
Nos está haciendo mucha falta.

Ya van varios días sin besarte.

viernes, 14 de enero de 2011

El tiempo y sus incógnitas por resolver

Las carreras a contrareloj. Me encanta como se dice. Es como si desafiases al tiempo. Al fin y al cabo todos corremos a contrareloj. Queremos vivir el doble. Que los buenos momentos se alarguen eternamente. Nos encantaría poder controlar el paso de las horas. Pero su paso dulce es inevitable. Sin embargo no me gusta la palabra tarde. "Demasiado tarde", "llegas tarde". Las tardes son mañanas frustradas porque saben que queda menos para su final. Me gusta retar a los días. Y me doy prisa. Y hago carreras. Ando a zancadas. Y llego tarde. Y hago planes. Intento forzar un poco mi existencia, a ver si cede. No suele ceder. Pero sigo esperando, a ver qué pasa. Por ahora seguiré haciendo planes, haciéndome callos en las manos de montar en bici, y ampollas de escribir. Pienso vivir y revivir. Matar el tiempo, y no dejar que me mate él a mí. Y a esos malditos segundos escurridizos que suelen escaparse de nuestras manos, los voy a atrapar por la cola, y colgármelos del cuello para no perderlos. Porque perder el tiempo es lo peor que puede pasar.





  
I Can't get my mind off of you

sábado, 8 de enero de 2011

Il faut être résolument moderne


Estoy sentada en suelo, medio tumbada, abstraída. De mi boca salen cortinas de humo, y sólo me concentro en mirar cómo desaparecen, esparciéndose por el aire. La gente pasa delante de mí, pero yo sólo adivino el movimiento de sus pies. No sé si bajan la mirada hacia el sitio que ocupo, pero me da lo mismo. Al cabo de un rato, mi cigarrillo se consume. Saco otro, pero el mechero no funciona. Vaya mierda. Un par de piernas se detiene delante de mi. ¿Quieres fuego? Levanto la vista. Sí, gracias. Chico despeinado, camiseta gris, deportivas. Lleva una mochila roja. Tiene una mancha de grasa en la cara. Voy a decírselo, pero me callo. Se sienta. Me da fuego. Callamos. Miramos cómo el humo sube y desaparece. Se nos acaban los cigarrillos, y encendemos otro. ¿Cómo te llamas? Max. Creo que no entiende que quiero estar sola. Pero él también parece estar solo. Me intriga. Se acerca a mi oído y me susurra ¿Quién eres tú?. No sé porqué, pero entiendo otra pregunta diferente a la que me ha susurrado. En mi mente me pregunta si soy feliz. ¡Y ahora sonríe! Maldito Max. Me arrastra al mundo del jazz, de las drogas, de las mañanas de zumo de naranja y resaca, de las noches atrapados en el Retiro, de la vida de los músicos del metro.